lunes, 23 de enero de 2017

Madrid - 23:24



Adoro esta ciudad. No puede gustarme más. No hay lugar en el mundo donde me encuentre más a gusto que aquí. Lo que me quitó traumáticamente me lo da casi al instante de forma milagrosa. Es tan jodidamente vital que tú te subes al puente a mirarla, cuando llegas sin avisar, por verla desde fuera, ajeno, melancólico, cómo se acelera como un disparo, y enseguida repara en ti. Sin decir nada a nadie ella te ve y te agarra del tobillo y hasta que no te vuelve a meter en la vida a hostias no para. Si te vas a negar a vivir en el puto torbellino no te acerques. Esta ciudad no es para espectadores ni para enfermos ni para personas que buscan el orden, o sea, el aburrimiento semanal de ir en chandal al súper a por cereales para el desayuno. Esta ciudad es para vivirla como un animal salvaje, protagonista, y yo sé y puedo vivirla así. Ahora tengo más tablas y más cinismo para hacer lo que me salga de los cojones con más fuerza. Ahora sé más. Ahora me descojono de todo yo porque no tengo nada que perder. Incluso puedo trabajarla así esta ciudad que es un paraíso. Me he puesto en forma y ya no fumo. Qué cosas. Esta ciudad la conozco tan bién... no me acordaba, pero la conozco tan bien, ay, qué alegría reencontrarme con ella. Esta vez no me va a hacer daño nada. Estoy vacunado ya para todo. Una vez que te rompes ya cualquier ruptura es solo una rajita más en tu alma que ni reparas en ella de tantas como tenías. Esta vez solo hay vida hasta que explotemos todos, yo el primero, o el mundo. Ya no hay proyectos anodinos, ya no hay tópicos, porque esos revientan aún más pronto que tú.

Madrid te huele, lo sé, ahora lo sé, y entonces te empiezan a gotear mensajes para ir a cenar, a comer, a conciertos, a fiestas, a estrenos de cine, a exposiciones en galerías de champán y risas y tontería, a presentaciones de libros, yo qué sé, a todo, pero todo de todo, como antaño, como siempre, joder, de gente que no veías hace siglos. Nunca deja de sorprenderme la de tipos que se acuerdan de mí después de tantos años, con un cariño que me abruma, porque yo no hice nada por conservarlo. Siempre deseo que me olviden todos y nunca lo acabo de conseguir. Una cosa extraña y curiosa esta que me pasa porque cuando vuelvo a quedar con alguno voy con precaución, pero nadie suelta ni un reproche, carcajadas y abrazos fuertes, besos y sonrisas y camareros llevando copas.

Adoro esta ciudad porque siempre todo es lo mismo pero mejor. Adoro esta ciudad donde siempre hay futuro, donde siempre hay unas puestas de sol sobrecogedoras en un horizonte perfecto de luz que te envuelve. Adoro esta ciudad donde todo siempre está por hacer, de nuevo, una y otra vez. Adoro esta ciudad de locos donde la vorágine es la rutina. Qué lejos queda la provincia y las celdas mentales desde este lugar y que cerca te sientes del cielo y de tu tiempo. Madrid... siempre soy feliz aquí.

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