viernes, 13 de mayo de 2016

A la mañana siguiente

Al fondo sentado, un espejismo que es como un aceite indecente saliendo de una cara barata. O como un baño de sal quemada en una sartén en la que no puedes hacer tortillas porque se pegan. Te pega eso. Eso te golpea.

Al fondo era un corcho roto en un vino picado, una copa de vidrio gordo con mal vino, que igual da. Unas ganas de perder infinitas. Una cerveza con ganas de beberse lejos y que no dice nada. Al final no vino nadie y los que había desfilaron, nadando río abajo.

Unas zapatillas de felpa de andar por casa con costra de arrastrarlas sin causa. Azules o rojas con un agujero en el dedo gordo. Si todo se rompe por el mismo lado será cuestión de dejar de andar y ponerse a rodar: el vídeo de una foto a un neumático. ¿Un agujero negro será la salvación?

Me quito las gafas y no veo, me las pongo y no enfoco. Respiro en modo manual porque tengo que respirar tres veces para tener la sensación de que respiro algo.

Todo esto cabría en un libro pero quedará en papel mojado.

Miro fuera y donde tendría que estar mi reflejo está la lluvia contra la luz de una farola sola. Llueve. Y yo pensando en renunciar como si fuera a importarle a alguien. Y yo contándolo, como si fuera a exportarle a alguien.


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