martes, 5 de mayo de 2015

La escritura y los escritores

Internet primero me enseñó que lo que yo creía que era escribir bien solo era una acumulación de figuras barrocas que no interesaban a nadie. Lo cambié, claro. Asumí mi condición de mortal y dejé de querer ser, o creerme, un genio. Dejé incluso de querer ser, o creerme, un escritor. Dejar de ser cosas se me da muy bien, hoy estoy enfrascado en dejar de ser de mi ciudad, por ejemplo.

Empecé a escribir frases que hasta yo era capaz de entender, simplificarlo todo con la idea de que hasta el más necio pudiera entenderme, pero los lectores tampoco llegaron. El necio era yo, claro, ¿quién quiere leerme a mí? Eso para un escritor que viene de una época donde lo que importaba era que te leyeran para poder vivir de vender libros era una tiranía. Una angustia. Una absoluta mierda. Sin lectores no hay forma de que te publiquen y, si no te publican, tu ego te aprisiona la garganta y mueres. ¿Sabéis la angustia que se siente cuando uno es joven y tiene sueños y se cree capaz de cumplirlos y, si no se cumplen, es porque alguien conspira contra ti, en la sombra? La juventud es una auténtica paranoia, una manía persecutoria desde que amanece. Conforme avanzas en la vida todo te la va soplando más y vas reconociendo que los sueños que tenías eran una auténtica mierda. Afortunadamente no los lograré jamás. El vacío de cumplir un sueño es dramático, pero el vacío de cumplir un sueño inútil es dramático y estúpido. Tanto tiempo perdido pudiendo haber estado tirado en un sofá.

Internet también me enseñó que la libertad de poder publicar lo que te diera la gana, sin un editor que te censure o un público que se decepcione, no tiene precio. Publicar lo que te salga de las pelotas con solo darle a un botón es lo más parecido que conozco a tomarte un ansiolítico. Que alguien lo lee, estupendo. Que nadie lo lee, qué más da. Escribimos para no estarnos quietos, no para que nos quieran. Escribimos porque necesitamos escribir, necesitamos sacar frases como otros se suenan los mocos o se retuercen los dedos para que suenen. Antes sí, antes escribías porque tu ego te lo ordenaba. Quiero ser escritor y quien no me adore por ello es un cretino. La vida es ir despojándose de chorradas hasta que te despojas de la última, que es la propia consciencia.

Liberado de la presión estilística y de la presión egocéntrica, ya solo queda liberarse de la presión del público. Una vez que te sientes completamente fuera de todo control es cuando quizás (quizás) alguna de las páginas que te dé por lanzar a la red tenga destinatario y sepa qué hacer con lo que has parido. Tú, en realidad, no tienes ni puñetera idea de para qué sirven. Escribir es un puto impulso compulsivo, incontrolable. Escribir es como un pastelero que saca y saca tartas sin control y las deja sobre el mostrador para que se las lleve la gente sin preguntar. Coja, rápido, que vienen más y necesito espacio. El público les importa a los verdaderos escritores un pimiento.

Lo malo es que hay que seguir pagando facturas y todos aspiran a poder vivir de lo que les gusta o de lo único que saben hacer: juntar párrafos. ¿Y si consiguiéramos cambiar el paradigma y a partir de ahora se les pagara a los escritores no por obra producida sino por todo lo que ellos quieran producir y, como en una barra libre, tú vayas leyendo lo que te apetezca? En Granada no puedes elegir la tapa, sólo la bebida (llamémoslo escritor), y los bares están llenos. El negocio funciona. Apadrine a un escritor por un precio menor durante, no sé, un año, un trimestre, cuatro semanas... y deje que suelte el texto que le salga de las narices. Tú eliges la bebida y él te pone la tapa literaria. Ganaríamos todos, comeríamos todos, nos pondríamos hasta el culo de beber juntos. O yo qué sé...

Tyson Cosby - Adam and Eve return

3 comentarios:

  1. Este texto me ha gustado. Creo que está escrito con gracia y ritmo. No dejes de escribir, Javier.

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  2. Lo que propones como forma de financiación de la escritura existió y existe: el patronazgo en las cortes del XVI y XVII y la figura del "artist in residence" en universidades americanas hoy. Sigue faltando Ley de mecenazgo...

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