viernes, 28 de febrero de 2014

El minuto después de despertarte de la siesta

Retomar obsesiones, o quizás sólo sean rutinas. Volver a coger la bici después de dos o tres meses parado. Volver al circuito. Reencontrarte con la fatiga, con la velocidad que se mantiene en el tiempo, con la agonía en algunas cuestas, con las ganas de parar y no hacerlo nunca. Volver a un paisaje que reconoces pero que en tan poco tiempo ya ha cambiado. Detalles. Un camino que no estaba, una señal, una fuente nueva u otra que no tiene ya agua cuando intentas llenar el botellín. La vida va y si no vas con ella luego no hay manera de volverse a subir. Te quedas mirando los comercios buscando a los antiguos dueños, que ya dejaron de regentarlos hace tres o cuatro traspasos. La vida es un cambio inmenso suma de sutiles transformaciones individuales. La vida es un detalle detrás de otro.

Los referentes, piensas, entonces te das cuenta de qué son. Ya no haces equilibrios sobre el abismo, sino que necesitas agarrarte a certezas que te hagan saber quién eres. Retrocedes en los gustos musicales, vas buscando de dónde vienes, y tanto lo buscas que te agarras a canciones de un tiempo que tampoco viviste. Vivir en el pasado porque es el lugar donde las circunstancias ya no cambian. Pero no es tu pasado. Realmente tampoco es el pasado de nadie. Es un lugar moldeado según tus preferencias y que nadie puede tocarlo. No va a cambiar si tú no lo quieres. Un lugar en el que la panadería de la esquina nunca cambia a mercería y muchísimo menos a frutería. 

 Me levanto de la siesta con sabor a galletas y fuera llueve. Pamplona es un afuera en el que siempre llueve. Miro las redes sociales y sé que ahí tampoco existe nada. Podría desaparecer sin dejar más rastro que una línea inconclusa. Contar cosas, a eso hay que dedicarse. Contar cosas una y otra vez, donde sea, sin esperar nada de las cosas contadas. Dejarlas escritas en todos los medios que podamos. Contar el mal rato de no recibir ni un correo, contar la sensación de fracaso que lo rodea todo. Contar cómo te quedaste primero al margen del pasado, luego del presente y ya hasta del futuro. Contar que los vencedores se quieren apropiar hasta de la dignidad de nuestra derrota.

Pablo Picasso - Le Rêve