sábado, 21 de abril de 2012

El peaje de la nada

“Tampoco hay mucho más hacia donde ir. O te tiras a un lado para que te pase el tiempo por encima o sales corriendo en línea recta para que te arrolle en menos de lo que piensas, iluso. No es por nada, pero de esta no te va a librar ni Dios, porque no existe.

Vete soltando lastre y llenando la mochila de todo lo que pueda hacerte soportar la existencia cuando ya no queden ni las sobras de una cena de poca monta. Arrepentirse de los actos es horroroso, pero, como decía un viejo, peor es arrepentirse de los actos que nunca consentiste que pasaran por el qué dirán. Dentro de cincuenta años no va quedar de ti nada, ni la severidad con la que te preocupaste de joderte la vida. Tú sabrás para quién haces tanto sacrificio, como si importara de algo. La nada te lo va a vaciar todo.

Deja de putearte, coño. Eso es todo.”


-Parece un e-mail o una nota de Facebook o una entrada en lo que llamaban blog. En Twitter según las últimas teorías no era posible introducir tanto texto. Pero no está claro tampoco. Otros opinan lo contrario. Menudo coñazo. No podemos clasificarlos todos. Salen por millones. ¿Esta gente de finales del siglo XX principios del XXI, para qué utilizaba Internet?

-No sé. No quiero leer más vidas. ¿Quieres un cigarro?

-¿Un qué?

-Nada. Déjalo. Me voy a fumar afuera.

martes, 10 de abril de 2012

Layla y la brisa de un día con amigos

Mira, te pones una canción de Eric Clapton y que desaparezca hasta la música. Mientras suena "Layla", como si se derrumba el Universo entero a pedazos. Peor para él. Sólo pido que nos deje terminar la canción. Nada más. Ya tendría que ser mala suerte que con la de miles de años que este tinglado fofo y mentiroso en el que vivimos está en pie, sea precisamente a nosotros los que nos corresponda el trabajo de echarle el cierre, jodiéndonos la canción a medio terminar. Hoy hablábamos de dónde estaría contenido el Universo, mientras comíamos y bebíamos y mirábamos a un gato a punto de comerse dos pájaros, subido a un árbol. Hacía calor, sol. ¿De verdad importará dónde estamos mientras estemos? Tengo la cara caliente por la brisa. 

Me levanto, saco del minibar imaginario una botella de whisky y me pongo dos milímetros para seguir encajando golpes como un sparring de mandíbula de cristal, escuchando la canción de las dos canciones. ¿Por qué tiene dos partes tan antitéticas Layla? ¿Hay que buscarle sentido o está hecho para que no se lo busques? ¿Una forma de tomarle el pelo al Universo porque nos lo toma antes él a nosotros?

¿Cuántas versiones tendrá Eric Clapton de esta canción? En Youtube hay una montonera enorme, con diferentes tiempos, con diferentes acompañantes, con diferentes gafas, con diferentes guitarras. Todas son la misma canción completamente distinta, pero en todas esa guitarra me vuelve majara. Layla enchufada o desenchufada.


Pongo otra, otras dos, Eric Clapton con Mark Knopfler, primero rápido y luego lento, convencido de que no puede ser bueno escuchar algo ten bueno. El Universo parece que aguanta. Normal, yo tampoco me desperezaría para irme a dormir antes de llegar la menos a las quinientas reproducciones. Mucho amagar y al final se raja como cualquier otra promesa. El Universo es un mindundi.

Sigo más. En los años ochenta a Eric Clapton le quedaban igual de mal los trajes que a alguien que no hubiera pisado un escenario nunca. ¿Por qué dan la sensación de que son inmensos esos pantalones de vestir y esas americanas con hombreras desquiciadas?

Puntea notas como si las detuviera con su mano, en mitad de la frenética carrera, para ponerles nombre a todas, una a una, antes de pegarles una palmadita en la espalda para dejarlas ir, a que cumplan con su deber y retumben, por todo el tiempo.

Los coches vuelven hacia la ciudad, por un camino de piedras, dejando detrás el cielo y las lomas de montañas con viñedos, con el sol cayendo hacia un contraluz de sonido de ruedas ya sobre el asfalto. Ha sido un buen día, mientras vamos metiendo las marchas más largas, para entrar en Pamplona de nuevo a 120 km/h y en quinta.

Eric Clapton parece un Dios, pero si fuera por su vestimenta, más bien parecería un hortera con pintas. Quizás eso sea un poco también el Universo, pienso mientras se apaga la luz del móvil en la mesilla, antes de que todo quede a oscuras.

viernes, 6 de abril de 2012

Gorrón

Empiezas a tener pasado, muchacho, y eso terminará por condenarte. Lo llevas escrito en la cara y en los dedos. Lo sellas con los labios, por eso te subes a las rocas a gritar contra todo pero no consigues nada. Eres insignificante pese a que los focos te siguen, bajas, caminas por el escenario, buscas una nueva estructura a la que encaramarte y seguir predicando, como el apóstol del NO que eres. Pero tú y yo no nos parecemos en nada. Mi no es autentico. Un no completamente vital y desbocado. Un no completamente feliz y seguro y demoledor. El mayor no construido. Un no afirmativo.

Te veo recorrer convencido la senda que ni tú te crees. Eres un tipo extravagante, dicen, pero a mí me pareces un mentiroso. He visto a tantos como tú que ya he perdido la cuenta. Os parecéis tanto que a veces diría que sois todos la misma persona. Un escenario, luz, un micrófono y mil altavoces apuntando a un público convencido de antemano. Y encima les cobras entrada. Y te la pagan.

-Ya, bueno... la vida es un incordio. Sácate la última copa, anda, que yo no he traído pasta, y deja de dar el coñazo. 

Fuera ha comenzado a llover, habrá que abrir el paraguas. Hacia el mar viene más tormenta. A ver...
 
Tyson Cosby - Spy girl