domingo, 13 de mayo de 2012

Lutecia

Al final me compré el libro "Vuelo Nocturno" de Antoine de Saint-Exupéry en la estación de Montparnasse. Hacía calor, había palomas dentro del vestíbulo y una FNAC pequeña con no muchos libros. París bien vale una... lo que quiera. París vale lo que le salga de las narices. Es uno de esos sitios que marca el precio que le da la gana. Sólo te queda pagar el peaje. La ciudad termina por sepultarte y todos los pulsos que haces con ella, por ver dónde ir o dónde comer o hasta dónde llegar, los pierdes. Ciudades como ésta te dejan de rodillas, hacen contigo lo que quieren, te llevan a donde les de la gana y te dejan ver lo que no les importa enseñarte. Las ciudades como París son un puto andén torcido, como el de la foto, que te devora sin dientes, succionado por un espeso aire que juega contigo como si fueras una entrada de museo tirada al suelo. 

Ha sido un viaje de mañanas muy tempranas, con la luz de primavera en las aceras y viendo cómo se van despertando las calles. Europa nos tiene engañados, no es verdad que amanezcan tan pronto. Siete y media de la mañana, y el vagón del metro está completamente vacío. Aquí no se entra a trabajar tan temprano como nos cuentan. A veces pienso que o nos infravaloramos o hay otros que se dan unos aires que nada tienen que ver con la realidad. Madrid a estas horas ya lleva un par de cafés en el cuerpo y varias generaciones de cadáveres de Dámaso Alonso transportadas de nicho en nicho.

El aire es húmedo, llueve y va a llover más, a trompicones seguro, nada insufrible. Todo es tibio, y cuando paso por delante del Museo Rodin, ya hay una cola bastante larga. Es miércoles, nueve de la mañana, y frente a la entrada del Museo del Ejército que hay en Los Inválidos, un militar con cara de crío pone expresión de intrépido, defendiendo el acceso de turistas grasientos con chanclas que no saben diferenciar una bayoneta de un mortero. El turismo tendría que estar prohibido. ¿Qué mira un turista? Nada. Un turista sólo quiere decir que ha estado en los sitios en los que, realmente, no ha estado, porque no los ve. El turista lo jode todo. ¿Por qué no hacen réplicas de ciudades en mitad del desierto para meterlos allí y que dejen de dar el coñazo por las calles? En el Museo de Orsay la masa te empujaba para sacar un foto sin flash, movida, a un cuadro para irse a molestar al siguiente sin abrir los ojos, chocándose contra todo.

Paso al lado del ayuntamiento, giro por la calle Rivoli y camino hacia la plaza de la Bastilla. He cruzado frente a Notre Dame horrorizado por la fealdad de los que hacen turno para entrar. Quasimodo resucitado en cada uno. Aprieto el paso para salir de ahí. Las gárgolas han bajado al suelo. Es espantoso. Huyo. Me paran varios franceses para preguntarme por direcciones del barrio. Lo siento, no soy de aquí, contesto en el mejor francés que puedo. Ahora sí que soy capaz de continuar. Podría pasar por uno de ellos. He pasado la prueba. No soy uno de esos cabestros con chancletas. Es mayo, es París, es miércoles y no hacen más de 22 ºC y chispea. ¿Cómo puede haber gente en chancletas y bermudas? Para guillotinarlos en la plaza de la Concordia y exponer sus cabezas en los aeropuertos. Llevo una guía pequeña escondida en el bolsillo del abrigo que miro con disimulo cuando necesito encontrar un cruce de calles o una dirección de metro. Es mi única concesión a la grotesca causa de los guiris.

He quedado para cenar en un restaurante del Quartier Latin. Me encanta viajar para vivir las ciudades.

3 comentarios:

  1. cuanta razón tienes, y qué envidia me ha entrado :)

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  2. a pesar de mis rasgos orientales, camuflo bien en casi cualquier parte de Italia, o eso me creo cuando también me paran autóctonos para preguntarme por una calle o un edificio

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  3. Lor, hay que ir a París al menos una vez cada dos años. Yo creo que tendría que estar recogido en las constituciones del mundo como derecho irrenunciable. Jeje...

    Shang Yue, yo creo que desde Marco Polo lo oriental e italiano caminan juntos. Cuando me paran y me preguntan tengo la certeza plena de que al menos no estoy jodiendo el paisaje. jeje.

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