jueves, 1 de marzo de 2012

Un escritorio en el autobús

Hace tiempo, cuando el ordenador fallaba, me ponía de los nervios pensando que iba a perder todo lo que tenía dentro. Durante tres días no me ha arrancado el trasto, quedándose como en Babia, atontado perdido, de resaca, con la pantalla azul y la flechita del cursor pululando por ella sin nada que toquetear. Sólo conseguía ponerlo en marcha en el modo a prueba de fallos y no me inmuté, porque tenía la intuición de que por sí solo se iba a arreglar, como así ha sido. Los ordenadores hace tiempo que van por la vida como si los usuarios fueran ellos y los usados nosotros. No me molesto en discutir con él porque no me hace ni puñetero caso y sospecho, que cuanto más agobiado me ve, más disfruta haciéndose el muerto. Los ordenadores son como los gatos, te permiten vivir en su territorio. Eso es todo. Aún no somos sus esclavos porque puedes lanzar a los dos, gatos y ordenatas, por la ventana, pero en lo demás ganan ellos, sin opción a réplica porque no te van a escuchar nunca.

La primavera ha llegado hoy a Pamplona, con 22 ºC de golpe y se puede conducir con la ventanilla bajada, como en las películas y anuncios de la televisión, sacando la mano para jugar con el viento como si fueras un alerón de avión sin destino, experimentando con la sustentación y la “entrada en pérdida” como un dios que mueve sus canicas dentro de una bolsa de tela negra que es lo que nosotros llamamos Universo.

 Ha comenzado a mayear antes de que hayamos entrado en marzo. En mayo nos caerá las del pulpo porque nada es gratis y todo tiene factura a 30, 60 o 90 días, o dentro de diez años, da igual, pero llegará un día en el que el tío del mazo vendrá a cobrarnos todos los servicios de golpe. Hace tiempo que intento deberle a la jungla lo menos posible, para minimizar los riesgos de que la jungla te devuelva un zarpazo donde más te joda.

 En el horizonte ya huele a alergias y a bichos que zumban en la oreja cuando sesteas. Todo son olores. Hoy me he montado en tres líneas distintas de autobús y cada una tenía su olor. Tres autobuses de ida y tres de vuelta, diferentes. y tres olores. ¿A qué olemos? A pasado. El olor es siempre pasado, como la respiración. El futuro es inodoro.

 He vuelto a leer en el trasporte público, como lo hacía hace tiempo y me ha gustado tanto como recordaba que me gustaba antes. Mientras leía me daba la sensación de que en los autobuses siempre se lee el mismo libro. También me pasa eso en las cafeterías, y en la cama, y en los paseos de invierno de tres de la tarde y en las mañanas cuando cortan la hierba en los parque y riegan y huele a verano húmedo con hierba recién cortada, como si mascaras un chicle de clorofila nueva en cada mordisco. Creo que en realidad lo que me pasa es que leo siempre el mismo libro, un libro que de una u otra forma trata de un escritor que escribe un libro. Tanta endogamia no puede ser buena, además de que termina por no saber diferenciar un libro de otro, injustamente. Hoy no sé ni dónde he estado y por eso doy la vuelta al libro que tengo sobre la mesa, porque siempre dejo los libros con la portada hacia abajo, para saber cuál es su título:

Diarios (segundo volumen 2004-2007) – Iñaki Uriarte.

  André Martins de Barros - Une page de tournée

2 comentarios:

  1. Hoy he visto algo que no me ha gustado: el despuntar de un campo con los brotes amarillos, pajizos por el intenso calor del foco del día, asfixiados por la falta de agua de este invierno crudo y seco... Recorro el mismo paisaje todos los días, ¿de cuántas estaciones habré sido testigo? Octubre de 1992. ¿Cuántas veces habré dado ya la vuelta al mundo? 200 km entre ida y vuelta... No sé. Pero jamás se repite el paisaje, siempre encuentro algo en él distinto del día anterior...
    Y todo esto no sé a qué venía, me lo ha inspirado tu alusión a la primavera, los olores y a ese libro que crees siempre el mismo.

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  2. 40.000 km es el perímetro de la tierra. Yo di 3 o 4 vueltas al mundo, en 3 años, sin salir de La Rioja, Soria y Navarra. Siempre encontré un nuevo caminillo que explorar.

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