domingo, 12 de febrero de 2012

Osasuna - F.C. Barcelona: Rojillos on the rocks

Sí, cáspita, sí; o córcholis. Gol, y gol y gol. Tres goles como tres carámbanos de hielo perfectos en esta noche pamplonesa más fría que una cascada congelada. La hemos vuelto a liar, para que hablen de nosotros, cuando nadie nos esperaba ni estábamos invitados a una fiesta que no era la nuestra, en teoría. En tu fiesta me colé y me bebí el ponche entero, a morro, y cuando no te lo podías creer, porque me veías vestido como viste el servicio, de rojo invisible, invité a bailar a la chica más guapa y me dijo que sí, y ahí te quedaste mirando, incrédulo, preguntándote qué es lo que realmente ha pasado. ¿Que qué ha pasado? Un ciclón de sábado noche que te ha descabalgado de tu carrera hacia un título.

El frío es silencio, hasta que te lo sacas del cuerpo como siempre hacemos en el Reyno de Navarra, metiéndole a la circunstancia vida a cubos, como quien prende un incendio regando el campo con queroseno. Aquí animamos y apretamos porque como te quedes quieto mueres por hipotermia. El Barça no se enteró y salió mudo y para cuando quiso encender la calefacción ya perdía por dos goles del resucitado Lekic. Dos goles de Lekic... asombroso.

Sí, bien, bien, muy bien, recórcholis, caracoles qué partidazo, qué gran partido jooo..lines. Y le bailamos al Barça toda la primera parte como quien no hubiera hecho otra cosa durante toda su vida. Tango, vals, chachachá, de todo. Incluso el baile de la alpargata sanferminero. Luego me he tenido que ir a cenar a casa de unos amigos, que me habían invitado a un cumpleaños, y para no quedarme completamente incomunicado, la segunda parte me la he tenido que imaginar como he podido. Me he puesto en el lado de la mesa frente a la televisión, sin voz, y con la página de los resultados del teletexto viendo números, como cuando no existía Internet, imaginando historias, sufriendo como un atormentado, viendo cómo caían los goles y sintiendo los minutos segundo a segundo. 2-1. La resignación de quien piensa que esta historia va a terminar mal, como tantas veces. 3-1. La tranquilidad contenida de quien intuye que perder, ya no parece que vayamos a hacerlo. 3-2. El miedo, la tensión, el pánico de quien quiere que todo termine, pero ni sabe ni puede ni conoce nada más que lo que intuye: quedan unos cuantos minutos y se nos va hacer muy largo, mucho. Quiero que esto termine, y mientras en la mesa discutían sobre qué es el arte, apareció la palabra fin en la pantalla con el resultado que todos conocemos. Hemos ganado, y todo es paz y la mente se me expande y casi floto entre los langostinos... Hemos ganado al F.C. Barcelona. Increíble. Y volviéndome hacia los comensales, con el tenedor a punto de meterle un rejonazo al jamón, que no se habían enterado de mis cuitas, porque pasan del fútbol, he dicho: ¿El arte?, ¿no sabéis que es el arte? Sencillísimo: morirte de frío... eso es helarte, y me he metido en la boca un trozo de jamón que me ha sabido a gloria. Me han mirado como quien mira a un amigo excesivamente conceptual y han seguido a sus cosas. En el fondo soy un intelectual, a mi forma, pero un intelectual. Cuando ha terminado la velada he vuelto a casa corriendo, para saber qué es lo que había pasado realmente. Una intriga insoportable se había apoderado de mí.

Estoy leyendo las crónicas como si lengüeteara pasteles en el mostrador de una confitería de lujo, todos, uno a uno, relamiéndome la comisura de los labios para no dejar ni un punto y seguido que echarme al coleto. Solo en casa del pobre se sabe valorar estas noches de magia y sorbete de limón como se merecen: aullándole a la luna y saltando por las aceras congeladas como un demente.

El Barcelona se ha vuelto mortal, como a Superman cuando le quitaron los poderes y los golpes le hacían por primera vez heridas. No sé, parece que se les está descosiendo el traje y tienen la desorientación producto de la sorpresa de quien era intocable y ahora le sangra la nariz por dos roces leves. Me he acordado del último Barça de Cruyff, el de José Mari y Sánchez Jara, pero quizás sea ir demasiado lejos en una descomposición que pese a que se intuye, aún no huele tan mal como aquel equipo de mediados de los noventa, cuando todo se fue al traste: equipo, entrenador y al poco, el presidente. Es fácil decirlo porque no estoy en su piel, pero si yo fuera Guardiola, quizás no renovaría y dejaría el mito arriba, donde todos lo vean, sin mancha, casi perfecto, y descansaría una gran temporada mientras recuerdo la creación de mi obra, perfecta, para disfrutarla como sospecho que no ha tenido tiempo de hacerlo durante todos estos años. Los ciclos no son eternos, y cuando se sube, siempre se baja. El problema es reconocerlo, diagnosticar correctamente: ¿es la bajada o sólo un pequeño valle? Dicho de otra forma, ¿es un resfriado o una pulmonía irreversible?

Osasuna ha hecho que la liga, esa cúpula de cristal bajo la que jugamos, haya saltado en mil pedazos, dejando todo revuelto, con una corriente de aire nuevo que hace que todos los papeles que estaban escritos, todos los resultados colocados desde que empezara la temporada, todas las crónicas, vuelen, hacia el país de nunca jamás. Somos el perejil de todas las salsas. Je. Tres puntos más al zurrón, tres puntos menos que nos faltan para los 42.

3 comentarios:

  1. puto intelectual de mierda!!! jajajaj

    oeoeoeoeooe

    (paradón del portero rojillo en el minuto 94..., sobrao)

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  2. Si es que, cuando me pongo las gafitas de pasta soy inaguantable. Jaja...

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