viernes, 6 de enero de 2012

Quizás aprenda inglés

Son las 4:22 del 1 de enero. En Tokio veo que ya se han levantado para comer: 12:22. En Nueva York aún no se han atragantado con las uvas en Times Square porque allí todavía son las 22:42. El mundo se nos ha quedado maravillosamente pequeño. A golpe de tecla viajas y vuelas, conoces y disfrutas. Mi mundo es Occidente. Lo demás no me interesa mucho. A golpe de tecla ves y escuchas. A golpe de tecla aprendes. Quizás aún sea pronto para decir que el mundo es un lugar en el que merece la pena pasar el resto de la vida, pero se le acerca cada vez más. Nos vemos cara a cara con más frecuencia de la que nos habíamos visto nunca. Nos observamos también de espaldas, claro, y unas ciudades a otras buscan con disimulo mirarse el escote. No nos entendemos completamente, pero compartimos casi todo sin darnos cuenta. Hace frío, pero no tanto. Un gorro y una bufanda esta noche son demasiado, dos guantes, también. Paro, a dormir. La escritura de madrugada sale arrugada por las esquinas. Es tarde y pronto a la vez.

2012 empieza como si no empezara nada. Ya es casi cinco de enero y sigo escribiendo mi borrador de año inútil, como el que nos espera. "The king of limbs" de Radiohead puesto. El cantante se acorrala en las canciones por él mismo, contra una pared de cristal, como de rodillas y mirando al cielo, elevando salmos responsoriales con su garganta de poseso o condenado o atormentado buscando el perdón de los dioses en los que no cree. Lo dejo. Sigo en otro rato...

Hoy es día de Reyes, hace frío y eso que aún no se esconde el sol, metiendo luz entre los edificios del barrio. En la parada del autobús un chino juega con su móvil, o eso parece, y habla solo. Supongo que habla solo... ¿o será como cuando me miraban hablando por teléfono con los primeros manos libres en forma de auricular con micrófono en el cable, y también pensaban que yo hablaba solo? El chino mueve el móvil frenético, absorbido, y se queda sentado en la parada cuando el autobús llega. Me monto, pago uno con veinte y se cierran las puertas. El chino sigue sin levantar la mirada de la pantalla. Yo llevo gafas de sol y las manos en los bolsillos. Me siento de espaldas a la marcha, como los pesimistas miran al futuro. Arranca, se va el autobús, se queda el chino atormentado, me levanto los cuellos del abrigo y desaparece todo, casi hasta el invierno.

Sigo escuchando el último disco de Radiohead, ya en casa. Se ha hecho de noche. Me gustan las partes intrascendentes de las canciones de este disco. Lo que intenta ser sublime, no lo consigue, se queda en parodia. Qué bien se escucha todo en estos auriculares nuevos que me han regalado. Todos los detalles de esa voz que arrastra demasiado la tristeza que no me acabo de creer del todo. Todas las notas sostenidas más allá de lo necesario. Todo. Y todo pasa, nada permanece. Todo pasa, sin hacer ruido. Todo pasa, sin que te enteraras ni de cuando llegó ni de por dónde se fue. Quizás haya que fijarnos en lustros o décadas, para no caer en la monotonía de los años, tan cortos, con lo inabarcables que eran antes. A ver si llega pronto, con la parsimonia y la lentitud de cuando eres un niño, la primavera. Lo queremos todo. No sé. Se han terminado las navidades. Quedan 50 semanas para las siguientes.

Feliz año 2012. Despacio, con tranquilidad, con bruma y luz de farola.

2 comentarios:

  1. Tal vez, deberíamos comprar unos nuevos auriculares con los que escuchar el sonido de cada día. Así, todo lo que pasa y no permanece haría vibrar algo más a ese tímpano vago que se quiere hacer el sordo. Te sigo. Felicidades por el blog.

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  2. Gracias! Sí, de vez en cuando estaría bien eescuchar esos otros sonidos que por diferente amplitud de onda se nos escapan en el día a día.

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