viernes, 5 de agosto de 2011

La era Aquarius

Ya me ha pasado hoy dos veces. Leo hasta siempre donde en realidad pone hasta septiembre. Será que en septiembre se termina el mundo o que pienso que de aquí a nada todos estaremos en el siempre, que debe de ser como los cursis llaman a la nada. Siempre tuyo... nada. Muerto. ¿Será poner fin al verano y todos a criar malvas o cardos borriqueros, o sauces llorones o sandías sin pepitas? El verano da para pensar en lo trascendente. Tiempo de reflexión, tiempo de crecimiento personal...a base de cervezas y guarrerías varias, preferentemente sacadas del cerdo y a lonchas.

La vida... ah, la vida y sus circunstancias. Milongas. La vida no tiene circunstancias... lo que tienes es prisa, porque se pasa tan rápido que más vale que no pienses mucho, que para cuando te decidas ya será tarde. Semáforo rojo. STOP. Titular de periódico si fuéramos tituladores de periódico: La vida se baja de tu vida por la puerta de atrás para liarse con un domador de leones eternos, por ejemplo, o con un hinchador profesional de colchonetas playeras del más allá. Cómo molaría hacer titulares así. ¿Alguien conoce a alguien que conozca a alguien que a su vez necesite a un titulador o titulista? He aquí señor tu titulista o titulero, oh.

Me apetece un vino... no sé si descorchar la botella o irme a que me sirvan una copa a un bar. En eso pensaba, mientras llegaba a casa por el lado de la sombra de la acera. Cascaba el sol que daba gusto, por cierto. También pensaba en que me gustaría ponerme gorra, aunque quizás ya sea tarde para eso, y que todavía no tengo edad para usar sombrero blanco. Un gran problema el de llevar la cocorota al aire con estos tres pelos negros que dan más calor que un horno de quemar huesos de aceituna, que los hay, para hacer, yo qué sé... pan, por ejemplo. Los treintañeros somos el grupo social que tiene más peligro de pillar una insolación, y los que por lo tanto más chorradas se nos ocurren a las seis de la tarde de un paseo asfixiante. Dale. Sigue. Que te entretienes. ¿Si con los huesos de aceituna se calientan algunos hornos para cocer pan... se podrá hacer lo mismo con las cáscaras de pipas que vete a saber tú quien pela cuando te las venden limpias?

Da igual, que le prendan fuego al fuego. Un poco más de calor ya da lo mismo, a lo que yo quiero ir es a lo otro, al alimento más sospechoso que conozco: las pipas peladas.

¡Pipas peladas oiga, tenemos pi-pas pe-la-das! Sí señora, ésas que son como grasientillas.

Una bolsa de pipas peladas acojona más que un plato de pez globo. Ambas cosas se basan en la confianza de quien te lo prepara. El pez globo tiene un depósito tóxico que como el cocinero de turno, o “tulno”, no lo extirpe bien y te lo zampes, a la nada de la que hablábamos al principio que te vas. Angelitos “neglos” y al cielo de Machín. Con las pipas peladas ocurre lo mismo. ¿Alguien ha visto una máquina para pelar pipas? Nadie... nunca... jamás, pues yo sí, la boca de un chino. No se me ocurre algo más preciso.

Qué repelús, lo sé, por eso mejor no seguir indagando en la mecánica del asunto o en la cadena de pelaje, o como se diga, y confiar en que el chino al menos se haya lavado los dientes antes de comenzar su jornada laboral. ¿Qué soy un exagerado? Dos cosas te voy a decir para zanjar el tema: nadie ha conocido una máquina pelapipas nunca y las pipas con la mano no se pueden pelar, que no son cacahuetes. Cada uno que saque sus conclusiones. Ahí lo dejo. Sigamos.

Es verano, sí... qué bonito, precioso, con sus olitas que rompen en la orilla donde doña Petra hincha el pecho palomo para gritarle al niño que no se meta para lo hondo, con sus pescaditos fritos que tienen ese olor tan penetrante como el rebuzno de un burro muerto, con sus chancletitas con pelos en los dedos gordos de gordos con pelos en los dedos... Ay. Si es que me dejo llevar y se me saltan las lágrimas de lo entrañable y digna de abrazo que es la humanidad que me rodea. Si es que la gente es maravillosa, joder, qué pena que casi siempre se me olvide, y tan es así, fíjate tú, si tú, que has llegado hasta aquí amado y noble lector altruista, que se me ha nublado aún más las entendederas y no sabía cómo terminar este escrito de lo ñoño que me he puesto. Menudo bloqueo me ha dado, la virgen.

He empezado a leer la prensa para buscar inspiración. Y todo se ha puesto de nuevo en marcha. El mundo gira en el sentido adecuado. Qué paz y tranquilidad darse cuenta de que nada de lo que conocemos se deteriora. Y entonces ha sucedido, aquí está, lo encontré, esto lo resume todo, me he dicho. Qué suerte tengo, me he vuelto a encontrar con un hasta septiembre, vaya, otro más, el tercero y sin que fuera esto lo que quería. Las casualidades no existen, o sí: un tío de diecisiete años se pone a excavar en la playa un túnel de más de dos metros de profundidad, se le derrumba la obra, lo sepulta y han tardado en sacarlo más de media hora, inconsciente, medio muerto. Vamos, que no ha dicho un hasta siempre porque era agosto, mes de los chiringuitos, los días de asueto y de las lorzas sueltas y de la búsqueda incesante de una nominación para los premios Darwin 2012 en su categoría “autoselección”. La vida es bella e imperfectamente perfecta.

Para qué cojones le darán tiempo libre a la peña... si no saben qué hacer con él. Jodido mundo... y lo peor es que no tenemos recambio. Con este hay que tirar, no queda otra, hasta el infinito, o hasta el verano que viene, que para el caso puede que sea lo mismo.

 Andy Warhol - The sun

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