martes, 21 de junio de 2011

La suerte

La suerte, esa cosa que se siente que no se tiene, y que muchos te dicen que te tiene que pillar trabajando. Como al director de cine portugués Oliveira de 102 años o a al arquitecto Niemeyer, el creador de Brasilia, con 103 años. Ambos aún en activo, pensando en que es una suerte que te pille trabajando, supongo. Afortunados. Unos héroes, más de 30 años siendo viejos y sin saberlo. La suerte se la trabaja uno, mucho, salvo que seas gafe, digo, que no sé, como aquel fotógrafo de guerra que contaba Reverte que allí a donde iba en los Balcanes a sacar fotos, ese día no pasaba nada, y que optaron todos los periodistas por preguntarle de par de mañana a ver a dónde tenía pensado acercarse para ir al lado contrario a buscar noticias. El fotógrafo siempre contestaba a los cachondeos con que era mejor no hacer ninguna foto a hacer la última foto. Hasta que hizo una foto, la penúltima, porque le cayó una bomba encima dejándolo mal herido. Se le terminó la buena suerte el día que hizo su mejor trabajo. La suerte le pilló trabajando, y se debió de neutralizar con su condición de gafe, o vete tú a saber cómo lo interpretaría los gurús del tema, para sacarlo de allí medio muerto pero con una buena foto para la portada de algún periódico. No sé ni si llega a paradoja. Vida, supongo, sin más. Somos tantos que hay de todo, creo.

“Estas cosas pasan” también dice mucho la gente, cuando la mala suerte te mete un tiestazo en la cabeza mientras paseabas camino del banco para cobrar una quiniela de quince. Estas cosas pasan...vaya, qué mala suerte, y le pilló trabajando, porque ir a cobrar una pensión vitalicia tiene que ser un buen trabajo, digo. El último trabajo, el último trámite, pero no lo logró, se quedo a medias. Alguien se lo habrá quedado, y sin dar un palo al agua. La gente la verdad es que lo dice todo, y así siempre acierta. Lo que no me queda claro es si cuando les da por el refranero, o las sentencias o la matemática del dos y dos veintidós. Digamos, por ejemplo: "las desgracias nunca vienen solas". Si ahí es importante o no que te pille en la mesa de diseño o con la brocha de repasar marcos de ventana en la mano o con el bisturí a punto de rajar a un incauto anestesiado y dormido en el quirófano, sin saber que quien le va a operar ha tenido una desgracia que no viene sola. Quizás se haya dormido con un amuleto esperándole en la habitación o alguien le va poniendo velas, como si eso fuera el remedio para conjurar todos los imponderables. A lo mejor es que lo que realmente pasa es que todo nos pilla currando porque es ahí donde pasamos, se supone, la mayor parte de nuestra vida consciente. Ahora sabemos los parados de dónde nos viene la mala suerte, de no tener un curro para que todo nos pase ahí, en la mesa de la oficina más anodina que podamos imaginar.

Lo que queda claro es que la suerte de existir, tiene que ser algo individual porque colectivamente se llama estadística. A secas. Aséptica como la matemática que nos dice que si tiras un dado seis millones cada cara va a salir un millón de veces. Conclusión: a la suerte no hay que tentarla, ni se os ocurra amiguitos, y menos jugando a la ruleta rusa, que luego hay que limpiarlo todo.

René Magritte - El principio del placer

4 comentarios:

  1. Siguiendo con refranes: La suerte no es para quien la busca sino para quien se la encuentra. Lo malo es que el refrán es aplicable tanto a la buena como a la mala suerte.
    Yo siempre me he considerado una persona con suerte, el infortunio me ha rodeado y ha pasado de largo, siendo objeto de esa mala suerte gente de mi alrededor, como si a mí tuviese que sortearme o evitarme... Ahora que caigo, joder, a ver si voy a tener el gafe para los demás cuando me paseo por su lado!!!

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  2. A veces pienso que la he gastado toda, como si fuera un pulverizador de agua que riega las plantas.

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  3. Alea jacta es... Ahora sólo queda recoger los frutos.

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  4. Y comerselos!! jajaja. Espero que sean lights que si no se cría tocinete.

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