lunes, 9 de mayo de 2011

Un sueño real

No hay nadie, en ese sueño todo está encendido, abierto, funcionando pero no hay nadie. La siesta no es nada... ¿cómo se llama al periodo nocturno en el que dormimos? Nada, ahí tampoco existe.

En esa realidad, cuando despertó, todo estaba apagado, oscuro, pero tampoco había nadie. Todo estaba en nada... y con el interruptor dislocado. Los espejos reflejaban oscuridad, multiplicándola. ¿Despertar del sueño en un sueño? Puede... no podía moverse, contra la cama... despertando más bien de una pesadilla en una pesadilla. La noche es tan rara... y sobre todo cuando produce fiebre. Una fiebre que desparece en cuanto te olvidas de ella, pero que se deja sentir en los párpados como si se arrastrara por los ojos. Las sinergias se entrelazan de dimensión en dimensión, de plano en plano, de tiempo en tiempo. Soñar pesadillas es como pellizcarte sabiendo que al cesar, porque siempre cesan, el alivio lo cubre todo, como la niebla... y te quedas dormido, completamente desconectado. Ya no hay nada.

Luego todo pasa, claro, amaneces, te levantas y llegas a la cocina sin acordarte de que están los cacharros de dos días sin fregar. La pesadilla de la pesadilla, y despierto. De ahí uno no se escapa, ni soñando.

 Frida Kahlo - El sueño

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