miércoles, 30 de noviembre de 2016

Achtung Baby - U2

Acabo de rayar mi cuarto o quinto Achtung Baby. Dos en cinta y dos o tres cedés. Una media de uno cada cuatro o cinco años porque el disco tiene ya un cuarto de siglo. El primero me lo pillé con 14 años, en la calle Estafeta de Pamplona. Creo que Frudisk, pero no estoy seguro. De lo que sí me acuerdo es de que fui con mi bici Contini amarilla y negra y la dejé depie apoyado el pedal en la acera. Una cinta de casete y un walkman y a flipar. Ese universo molaba. Mi disco preferido. De siempre. El disco al que vuelvo para refugiarme cuando llueve, el disco que me ayuda y consuela cuando todo se pone raro. Hoy ha saltado en el cedé del coche una canción y ya no se escucha bien y me he sonreído, pensando, ya me he cargado otro buscando un poco de paz que en realidad nunca encuentro pero que me ayuda para no desesperar. Ya me he comprado el sexto, pero en digital, para que dure ya para siempre.

Café Lisboa

En esta ciudad que no pienso decir cuál es porque ella ya lo sabe no hay calle sin su músico. Aquí en vez de mochilas al hombro llevan todos fundas de instrumentos. Pese a todo lo que me rodea prefiero ser escritor. Me gusta ser escritor. Me siento escritor.

http://navarra.elespanol.com/opinion/javier-ancin/cafe-lisboa/20161129215124081544.html


sábado, 26 de noviembre de 2016

Pelis que te vuelven a salvar la década

Sábado noche 

Sofá

Es un poco extraño escribir en un blog que no tiene visitas. Ni una en las últimas 24 horas me dice la pestaña de estadísticas. Mejor. Me siento como un cantante que un día tuvo éxito pero el grupo que tenía se separó y tuvo que volver a casa a empezar o a terminar de cero. Una copa de vino, un sofá, los pies con calcetines, una manta y alguna canción. Aquí ya no hay bullicio. Aquí ya no hay vorágine. Aquí solo hay silencio. Si me ha dejado el grupo que más quería en el mundo es hora de dejár yo las cosas más superfluas también. Lugares con gente gritando, programas de radio políticos, redes sociales... quedarme yo con una copa de vino, un sofá de sábado noche, una mantita, radio con canciones, un puñado de recuerdos orbitando en la cabeza, mucha melancolía y silencio. Somos mejores, nos hacemos mejores, cuando ya no tiene remedio, cuando ya nadie nos ve, cuando con la angustia no puedes hacer un paquetito de soluciones sino solo un paquete de papeles que llevabas en la cartera para tirar al fuego. El vaso mirado desde arriba es una noche de estrellas sobre la bóveda celeste. Soy un iluso, qué poca gente nos echa de menos. Hoy creo que me quedaré dormido en el sofá. Mañana cuando despierte dejaré el vaso en el fregadero. Lo único bonito que tiene este sofá es que se ven aterrizár los pocos aviones que llegan. Mañaná subiré la calefacción. Mañana es otro domingo por la tarde más. Me estoy quedando dormido.



Órbitas concéntricas en un vaso

La curva praxiteliana

Recuerdo las clases de arte. Deslizar la mano por el costado de tu cuerpo de costado. Desde el pie, el tobillo, la pierna, el muslo la cadera y la cintura. La suavidad de la piel pasando despacio por el tiempo atemporal la mano, la palma, los dedos, la punta de los dedos hasta despegarlos de tu cuerpo, por donde terminan los hombros. Y así ir estudiando toda la escultura clásica griega sin salir de tu espalda y sin salir de la mañana y sin salir de la cama.